KAMCHATKA, SIBERIA

Kamchatka, la increíble tierra de osos
Kamchatka, es un territorio apropiado para las personas que gustan de la adversidad natural integrada por paisajes exóticos, mayormente volcanes, un clima frío y fauna salvaje. Esta península está ubicada en Siberia a más de once distintas zonas horarias de Moscú capital de Rusia.
Estuvo oculta para el mundo en los tiempos de URSS por sus diversas bases militares secretas, a partir de 1990 surgió el turismo extranjero en el área siendo mínimo. En 1997 fue nombrada por la UNESCO, Patrimonio Natural de la Humanidad. Por la escasa difusión de la península como un sitio turístico interesante se ha conservado como un paraje natural limpio y sano, alejado de la contaminación propia de la actividad turística. Sus aguas son limpias y cristalinas y su fauna aun es abundante como son los osos pardos que se presumen viven libremente 25,000 individuos, además de linces, marmotas y otras especies únicas y por supuesto el delicioso caviar rojo y las distintas clases de salmón.
De hecho a esta gran península se conoce como el Estado Ruso de Osos Pardos. Las personas pueden observar a los osos pardos si viajan a las inmediaciones del Lago Kurile ubicado en la Reserva Natural de Kronotsky pero se tiene que ir acompañado de una persona armada. Aunque estos animales están acostumbrados a la presencia humana se sabe han atacado a personas al presentirse amenazados.

La población está acostumbrada a los incesantes movimientos telúricos originados por la cordillera de volcanes que hacen de Kamchatka la zona de la tierra con más concentración de ellos, varios aun activos.
En la Capital de Kamchatka, en la mayor parte del tiempo se pueden observar los volcanes: Koriakski, Avachinsky y Kozelsk y en algunos hoteles puedes reservar una habitación con vista a estas montañas colosales. Los paisajes se apoderan del turista cotidiano, la naturaleza despliega sus sonidos mágicos de aves, insectos, viento y animales rugiendo en la lejanía, lagos cristalinos rodeados de inmensas montañas humeantes, reflejadas en el agua y en el horizonte se observa al sol ocultarse derramando su luz agonizante de color fuego, pintando la nieve de los volcanes con destellos rojos y amarillos, como queriendo herirlos antes de dejar la tierra, como un carbón ardiente que se desvanece derrotado por la cordillera.
Es el descenso de la temperatura, habitualmente fría, la que te regresa a la realidad y emprender el viaje de regreso a la capital, sin duda si algún día quieres visitar un lugar para recordarlo el resto de tu vida, este sitio debe estar en tu lista.
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